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jueves, 22 de abril de 2021

«Tertulias, tabernas y cafés del Cádiz liberal» (III)

Cuarta etapa. Consulado Viejo.

Museo de las Cortes de Cádiz


Para esta ocasión, voy a limitarme a anotar lo que evoca Antonio Alcalá Galiano, en Recuerdos de un anciano (1913) sobre la tertulia de Frasquita Larrea, de quien puede leerse más información en mi blog Doceañista: 

En esto apareció una tertulia de igual naturaleza, pero en que predominaban opiniones diametralmente opuestas. La de la señora doña Francisca Larrea, mujer del ilustrado alemán D. N. Böhl de Faber, literato, buen escritor en nuestra lengua y apreciabilísimo, visto a todas luces. Su mujer, a quien acababan de dar licencia los franceses pan pasar a Cádiz desde Chiclana, donde residía durante los meses primeros del sitio, era literata y patriota acérrima pero de las que consideraban, el levantamiento de España contra el poder francés como empresa destinada a mantener a la nación española en su antigua situación y leyes, así en lo político como en lo religioso, y aun volviendo algo atrás de los días de Carlos III, únicos principios y sistema, según su sentir, justos y saludables. Fui yo presentado en casa de la señora de Böhl; pero por mil razones no hube de agradarle, ni ella por su parte, a pesar de su mérito, se captó mi pobre voluntad.


Amalia Vilches, Beatriz, Good Books. 


Quinta etapa. Plazuela y Café de Orta.

    Para esta penúltima etapa, que nos introduce en una recoleta plaza donde se situaba un famoso café, con contertulios algo ruidosos, acudiremos a la novela de Amalia Vilches, Beatriz. En ella, su autora nos asoma a la vida de una «amazona», así la denomina su autora en la novela, una mujer joven, decidida y valiente que, como muchas durante la Guerra de la Independencia, y las conspiraciones que se desarrollaron durante el Trienio Liberal, arriesgaron su vida en pro de la Libertad (2020: 6): 

Paseaban por la calle Ancha y se entendían perfectamente a pesar de la diferencia de edad. Antonio [Alcalá Galiano]no tendría más de veintiséis y don Juan Cevallos pasaba de los cincuenta. Las tiendas estaban a punto de cerrar. […]. —A Pepe Rodríguez, el gallego, el dueño del café Orta, [el gobernador Enrique O’Donnell, conde de La Bisbal] le ha llamado la atención por no estar todo lo atento que debía en la iglesia […]. Antonio se acomodó a su lado. Tenían enfrente, en la esquina con la calle Veedor, la casa de los Istúriz. 


Sexta etapa. Plaza de San Antonio (Continuará). 

«Tertulias, tabernas y cafés del Cádiz liberal» (II)

Segunda etapa. Plaza de La Libertad y Plazuela de los Descalzos (vulgo de las Flores).

    ¿Cuándo surge el nombre de esta plaza en la que se ubica el mercado? ¿y la de la contigua Plaza de las Flores? ¿Qué hacían los gaditanos por aquellos lares?, ¿qué tertulias se celebraban en sus inmediaciones? Estas serán algunas de las curiosidades sobre las que charlaremos. Para ello contaremos con la evocación que hace Jesús Maeso, sobre las tertulias y la opinión pública de finales del siglo XVIII y el Cádiz de las Cortes, en su novela En una tierra libre (2011: 62), donde se nos cuentan las aventuras de Germán Galiana, un joven gaditano que tendrá problemas con la Inquisición, por haber sido su padre reo de dicho tribunal. Su historia se enraíza en unos años decisivos, los de la invasión napoleónica de 1808 y el levantamiento popular del 2 de mayo, pero vinculados a la urbe gaditana, que vio nacer la primera Constitución y a Caracas, donde también se libraba una sangrienta lucha por la emancipación encabezada por Simón Bolívar El Libertador.

    En la ruta no seguiremos a Germán Galiana a la Gran Colombia, sino que recordaremos sus pasos por las calles y plazas gaditanas:

 Sin embargo, a pesar del acoso de la artillería desde el fuerte de La Cabezuela, en Cádiz solo se hablaba de dinero. Los discursos de la mañana de los diputados, y las últimas batallas libradas contra los ejércitos napoleónicos, a penas sí eran comentadas por el Diario Mercantil, El Conciso y El Semanario Patriótico. La ganancia y el lucro eran los reyes de la ciudad cercada. A pesar de los bombardeos, las transacciones se realizaban al aire libre, en la calle Ancha, en la Nueva, o en la Casa de la Camorra, un casino de talante colonial, que se alzaba en la calle del Empedrador, donde se había comenzado a servir café en España. La casa de la Camorra hacía las veces de centro neurálgico del comercio nacional, aunque según el reaccionario padre Vicente, al que llamaban el cura de Algeciras y el antiliberal padre Vélez, estaba atestado de masones y de herejes jacobinos que conducirían a España a la ruina. 

Jesús Maeso, En una tierra libre, Grijalbo ed.

    También nos serviremos de esta misma novela, En una tierra libre (2011: 137), para alcanzar hasta la Tercera etapa. 

    Plazuela del Correo.
En esta placita, existía un Café, del mismo nombre, frecuentado por los liberales del momento, que al amparo de sus paredes y reconfortados por sus deliciosas bebidas discutían los pormenores que los políticos debatían en las Cortes reunidas en el oratorio de San Felipe Neri.  

Un destello de alarma relampagueó en el semblante de Galiana. 

—Avisarme ¿de qué? Me tienes en ascuas. Acerquémonos al Café del Correo del amigo Celis. Allí comeremos y beberemos algo. 

    Se sentaron cerca del patio del animado mesón de la calle Rosario, que olía a especias, cacao, cerveza y guiso de pescado, y donde otros parroquianos bebían aguardiente de Cazalla y leían El Imparcial y el Espectador Patriótico. Pidieron chocolate, pan con ajo, queso y tocino, y un vaso de hidromiel caliente, que les sirvieron unos diligentes veteranos de guerra que para ganarse el pan trabajaban a las órdenes del filántropo dueño. El marino esperó inquieto la perturbadora comunicación. […]. 

—¿Sabes qué son las Tablillas de la Inquisición? —dijo Téllez, reservado. 

—Por supuesto. Una lista que ese caduco tribunal eclesiástico expone a la lectura pública, en la iglesia de San Juan de Dios. […]. 

El músico tragó saliva. 

—Tu nombre ha aparecido en ellas —soltó abatido—. 

Cuarta etapa. Consulado viejo (Continuará). 

martes, 5 de junio de 2018

Pedro Ibáñez-Pacheco y Gállaga

        El escritor Pedro Ibáñez-Pacheco nació en El Puerto de Santa María el 30 de noviembre de 1833, en el seno de una familia de clase acomodada, compuesta por sus padres, Jacinto Ibáñez Pacheco y Sánchez y María Dolores Gállaga y Belaustegui, y el primogénito, Jacinto.
     Su bisabuelo paterno, José Ibáñez Pacheco, nacido en Elguera (Montaña Cántabra), vino a establecerse a la ciudad portuense por motivos comerciales y aquí se caso con María Ruiz Tagle, también de tradicional familia comerciante y asimismo procedente del Norte. Los Belaustegui, acaudalada familia afincada en El Puerto, se dedicaban a los cultivos y negocios vitivinícolas. En 1836, Jacinto Ibáñez Pacheco, propietario y cultivador, se traslada con su familia a Cádiz.A los veinticinco años, Pedro era estudiante de jurisprudencia, pero al parecer no se graduó, posiblemente porque tras la muerte del padre en 1860, la economía familiar se resintiera y hubiera de ocuparse de los negocios. 
     En 1865, se casa con la gaditana Luisa Moreno, y fueron padres de tres hijos, Milagros, Ignacio y Juan. Propietario de situación holgada, pudo dedicarse a la política activa. En 1870 se halla en las filas del Partido Moderado. Cinco años más tarde, resulta elegido diputado provincial por el primer distrito de Arcos, y nombrado visitador de la Casa Matriz de Expósitos. Por sus servicios en el cargo, le fue concedida la «Cruz Blanca de Segunda Clase de la Real Orden del Mérito Militar»; posteriormente se le otorgarán los honores de «Jefe Superior de Administración Civil». 
     A partir de este momento parece dedicarse más a sus actividades literarias que a sus negocios, pues, tras diversos reveses de fortuna —de los que no se tienen más noticias— tuvo que aceptar en 1884 el cargo de Director del Hospicio Provincial de Santa Elena, donde murió al año siguiente, dejando a su familia sin recursos financieros.Como escritor colaboró en varias publicaciones periódicas entre las que destacan las revistas gaditanas La Verdad, donde publicó en varias entregas sus cuentos en verso, Cádiz, de Patrocinio de Biedma, y El Comercio. 
     Asimismo fue miembro de la Real Academia Gaditana de Ciencias y Letras, de la Provincial de Bellas Artes, y colaboraba con la Asociación de Cervantistas de Cádiz, de cuyo titular era gran admirador, pues llegó a reunir diecinueve ejemplares de El Quijote de singular edición.

sábado, 25 de enero de 2014

Con Patrocinio de Biedma y La Moneda en la Biblioteca del Casino Gaditano.

        Terminábamos mi sesión en el Curso «Prensa y publicística. El nacimiento de la opinión pública», en el que hemos visto desde la prensa durante el reinado de Fernando VII a la Restauración. Hemos repasado el desarrollo de la prensa política, que nace con el Semanario Patriótico y encuentra en Cádiz a El Conciso como paladín, su evolución a prensa de partido. El desarrollo de la prensa de negocio bajo el sistema liberal informativo, desde la prensa pintoresca a la prensa ilustrada. Los periódicos satíricos, los dedicados a las familias y a las mujeres, el desarrollo del periodismo provincial y local, han sido otros de las cuestiones principales. No obstante, creo que uno de los temas más interesantes ha sido el examen del uso del grabado en la configuración del acontecimiento, la actualidad gráfica, en la que las revistas La Ilustración, La Ilustración Española y Americana, constituyen uno de los hitos fundamentales.
          La sesión final estaba dedicada a la escritora jienense Patrocinio de Biedma y La Moneda (Begíjar 1848 - Cádiz 1927) como representante de las periodistas de la España de Entresiglos. Su labor como escritora y periodista se desarrolla durante la Restauración, periodo en el que, gracias a la estabilidad política que impone el sistema Cánovas, las empresas pueden fortalecerse en el mercado, marco en el que también se produce el afianzamiento de las industrias editoriales y periodísticas, como las del gaditano Abelardo de Carlos, de quien nos ocuparemos en otro momento.
          Precisamente en una de las revista de este editor, La Moda Elegante estuvo colaborando Patrocinio donde publicaría su novela a modo de entregas La botella azul (1874), quien también tendría su propia revista, Cádiz, a partir del 1 de mayo de 1877. La escritora bejijense, que se había quedado viuda del general Quadros y Arellano, hijo del marqués de San Miguel de la Vega, de quien había tenido tres hijos que habían muerto en edad temprana, había llegado a Cádiz acompañando a su amiga la princesa Ratazzi y en esta ciudad conoció al jefe del Archivo de la Diputación Provincial de Cádiz y editor de La Crónica Gaditana, José Rodríguez y Rodríguez, dueño además de la Tipografía «La Mercantil», donde editaría algunas de sus novelas, y poco después la revista. José Rodríguez se convertiría en su segundo esposo en 1880.

Novela editada por Tip. «La Mercantil». Ejemplar del Casino Gaditano.

 Como ya puse de manifiesto en mi trabajo «Hacer calceta»  (Cantos Casenave, 1994: 423-431) Patrocinio escribió en su propia revista y en otras numerosos artículos en defensa de la educación de la mujer y de que esta pudiera desempeñar un trabajo digno. Además se ocupó de los niños a través de y fundó una sociedad, la «Federación literaria andaluza» -que luego se extendió a Extremadura y otros lugares-, que tenía como objeto difundir la literatura que se cultivaba en provincias y proporcionar un socorro a los familiares de los periodistas para que no quedaran desasistidos en caso de fallecimiento del socio.

Fotografía . Museo de Artes y Costumbres Populares de Begíjar
         
           Pronto entendió la importancia de hacer convivir la literatura con el periodismo para contribuir a elevar el nivel cultural de la población como decía en su artículo «La primera piedra» (nº 1 de Cádiz ): «El periodismo mata al libro lentamente  y para evitarlo hay que propinarle a la sociedad el remedio allí donde encuentra el mal, hay que darle la literatura en pequeñas tomas; hay que desleir el libro en el periódico, a fin de que se le acepte». 
            En los últimos años colaboró en revistas como España y América (1920 y 1923) y Vida Moderna (1919 y 1927). De todo ello trato en mi trabajo «Escribir es poder. Mujeres alrededor de la prensa del siglo XIX: Mª. Manuela López de Ulloa, Fernán Caballero, Mª Josefa Zapata y Patrocinio de Biedma» (Cantos Casenave, 2014).   

martes, 16 de julio de 2013

Las mujeres en los episodios de las revoluciones liberales de España y América. Su recreación literaria

         Desde que Galdós publicara su serie de Episodios Nacionales, los lectores en español nos hemos acostumbrado a prestar atención al modo en que el autor canario evocaba, mediante sus dotes literarias y su convición de que Historia Magistra vitae est, los acontecimientos fundamentales de la historia del siglo XIX. Una historia que, por cierto, sigue teniendo vigencia actual. 
        En otra ocasión me he ocupado del papel que Galdós reserva a las mujeres en el episodio de Cádiz y en mi próxima intervención en el Congreso Internacional de Hispanistas que se celebra en Buenos Aires, ampliaré esta indagación a una novela reciente que se ocupa de la revolución liberal en España y América, En una tierra libre, de Jesús Maeso de la Torre.

         Mi propósito es interpretar a la mantuana Lucía, a partir de las claves interpretativas del papel que la joven Presentación encarna en el Cádiz de Galdós:


La muchacha interioriza el drama de una nación todavía sujeta a la férula del Antiguo Régimen. Cuando la nueva España lucha por sacudir las rémoras del pasado, Presentación confía en que los padres de la patria promulguen leyes que a ella y a su hermana les permitan sacudir el yugo materno (Esterán, 31-32)


         Espero que el resultado, a pesar de lo breve de la intervención, sea positivo. 

viernes, 18 de enero de 2013

Una compañía de baile en los «Cuentos gaditanos»


LXX

C O S A S   D E   A N T A Ñ O.
      ~~~~~~~~~

     La Pautrez y la Quatrini ([1]),
dos bailarinas de antaño,
trajeron enloquecido
al público gaditano;
que acudía presuroso
al veterano teatro,
que llaman el Principal,
a disfrutar con los saltos
las piruetas y los brincos
y los difíciles pasos
de aquellas dos eminencias
del gran arte coreográfico.
Llegó a tanto la pasión,
subió a tanto el entusiasmo,
que por ver las cabriolas
los gaditanos mostraron,
que aquellos buenos señores
tan serios, y encopetados,
tan ricos y tan formales
y enemigos del escándalo,
cual zegríes y gomeles,
cual chorizos y polacos ([2]),
masones y comuneros
o como perros y gatos
por las sílfides, ya dichas
se dividieron en bandos,
tan opuestos y feroces,
exclusivos y encontrados
que apuraron las razones
y apelaron a los palos
como argumento supremo
en pro del ídolo amado,
que cada cual defendía
con empeño tan bizarro,
convirtiendo a cada hora
en campo de pugilato
aquello que más que templo
a las musas dedicado,
parecía a todas luces
un reñidero de gallos.
Y dicen, los que lo vieron
que se llevó a tanto grado
aquella empeñada lucha,
que se dio el siguiente chasco,
que yo quiero consignar
por lo original del caso.
Anunció su beneficio
la Quatrini, un día dado:
¿y qué hacen sus enemigos,
los ardientes partidarios
de su rival la Pautrez?
se juntan en conciliábulo,
van después al botiquín
y compran, sin más reparo,
todas las localidades
disponibles del teatro:
pactan, luego, gran secreto
y se dispersan callados.
Llega la hora de empezar
y con estupor y pasmo
de la mísera Quatrini,
que sabía que tomados
estaban todos los sitios
de la casa, de antemano;
y esperaba verla llena
de amigos y apasionados
que al salir la colmarían
de coronas y de aplausos;
solo vio, cuando el telón
los gallegos elevaron,
el vacío en las lunetas,
la soledad en los palcos,
la orquesta tocando sola
y para colmo de escarnio
a su rival La Pautrez,
con la sonrisa en los labios,
en un palco de proscenio
su venganza saboreando.
                                                     

(1). No es Pautrez, sino Pautret. Se trata de la Sra. María Pautret y de la Sra. Justina Quatrini, ambas integrantes de la compañía de bailes dirigida por el Sr. Andrés Pautret y compuesta, además, por Pascual Aceitún, Juan B. Cozzer, Dolores Lamadrid, Luisa López, Carlota Martelli, Francisco Quatrini y José Rosales. Entre otros bailes representron El paje incosntante. Baile de medio carácter en tres actos. libreto publicado en Cádiz, Imprenta de Carreño, 1814. (Biblioteca Pública de Cádiz, Caja de Teatro, nº 6). 
(2) Se llamó así a los bandos en que se dividían los madrileños aficionados al teatro en el siglo XVIII y comienzos del XIX, que estaban enfrentados según acudieran al Corral de la Cruz o al del Príncipe.

Para más información, remito a mi edición de los Cuentos gaditanos de Pedro Ibáñez-Pacheco.