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jueves, 3 de noviembre de 2016

Utopía lunar. De Pedro Gatell a Ángel Fernández de los Ríos

     Casi al comienzo de mi carrera como investigadora universitaria, tuve a ocasión de trabajar con un periódico del XVIII, El Argonauta Español, del Bachiller D. Pedro Gatell, un cirujano de la Armada, titulado por el Real Colegio de Cirugía de Cádiz, pero oriundo de Reus.
La lectura de aquel periódico, que en aquellas fechas solo se podía consultar en la Biblioteca Pública de Cádiz, me deparó la sorpresa de conocer una utopía lunar en la estela de la del famoso Cyrano de Bergerac. De este periódico haría luego una edición al alimón con mi colega y amiga María José Rodríguez Sánchez de León, que ampliaba los datos de la ofrecida por la también colega y amiga Elisabel Larriba. Esta última es promotora, además, de una página web dedicada al periodismo que tituló, en homenaje al ex-cirujano periodista, El Argonauta Español.
     En el año 1992 publiqué un artículo titulado «Viaje, conocimiento y utopía en El Argonauta», en la revista Cuadernos de Ilustración y Romanticismo, de la que ahora soy una de sus editoras y recientemente, con motivo del Congreso de Historia del Periodismo celebrado en Valencia, he vuelto a toparme con una utopía lunar, escrita por Alejandro Dumas, que Ángel Fernández de los Ríos tradujo y adaptó.
    En realidad, el relato o pesadilla de Dumas presta muy poca atención a la estancia lunar, que no es sino una breve estancia realizada por el protagonista en un sueño y que pone a prueba la credibilidad de su interlocutor y, consiguientemente, del lector.
    En otra ocasión, volveré sobre Ángel Fernández de los Ríos, al que dediqué mi intervención.

miércoles, 8 de agosto de 2012

La experiencia del tiempo y su función en «El hechicero» de Juan Valera

El transcurso del tiempo es fundamental en la trayectoria existencial de los personajes, como queda de manifiesto especialmente en El Hechicero.
            Paul Ricoeur, al tratar de ofrecer una alternativa a la «descronologización» de los análisis estructurales, analiza el tratamiento que recibe el tiempo como repetición en muchos cuentos:

                        Antes de proyectar el héroe sobre el sendero de la gesta, incontables leyendas lo conducen hacia algún bosque oscuro, donde se pierde o encuentra alguna bestia devoradora (La caperucita roja) o bien en el cual el hermanito o la hermanita ha sido secuestrado por las aves amenazantes (La leyenda de los cisnes-gansos). Estos episodios iniciales no hacen más que introducir al héroe o a la heroína en un espacio y un tiempo primordiales que tienen más de parentesco con el reino de los sueños que con la esfera de la acción. A favor de esta desorientación preliminar, la cadena lineal del tiempo está fragmentada y el cuento toma una dimensión onírica, que será más o menos preservada a todo lo largo de la dimensión heroica de la gesta. Dos cualidades de tiempo se entrelazan: la circularidad del viaje imaginario y la linealidad de la gesta en tanto tal[1].

            Este mismo tipo de repetición, de viaje imaginario circular, lo realiza Silveria en El Hechicero, un viaje que se inicia, precisamente, cuando, al huir de casa de su amado, se introduce en un bosque, del que, en la oscuridad de la noche, no puede salir. Como refuerzo del paralelismo con el modelo analizado por Ricoeur, cabe aducir que la protagonista tiene un sueño misterioso en el que de alguna manera se le revela su futuro.
            También analiza el filósofo el carácter repetitivo del viaje realizado por el héroe de la Odisea, donde «el carácter de repetición queda conferido al tiempo por la forma circular del viaje en el espacio»[2]. También el viaje de Silveria se realiza a través de una especie de laberinto circular del que finalmente sale para volver a su punto de partida. Conseguir superar la prueba del laberinto para volver al origen, para regresar a sí mismo, se interpreta como una forma de crecimiento[3], como una forma de maduración. Efectivamente, Silveria estará preparada, después de superar su viaje iniciático, para experimentar el amor.
            En este sentido, y, puesto que muchos cuentos de Valera giran en torno a la experiencia amorosa, es necesario que sus heroínas tengan cierta edad, así, en El Hechicero se asiste a la transformación de Silveria, que pasa de ser una niña de once años a una mujer de diecisiete. Igualmente es necesario que en La buena fama, Calitea cumpla los veintitrés años para que pueda llevarse a cabo el encantamiento que encierra la muñeca prodigiosa, que facilitará el éxito amoroso[4]. Al mismo tiempo, que Calitea sea una joven de edad más madura favorece una experiencia vital más consciente y una complejidad psicológica mayor[5].





     [1]"La función narrativa y la experiencia humana del tiempo", pp. 278-279.
     [2]Ídem, p. 281.
     [3]Ídem, p. 280.
     [4]Así se lo hace saber el doctor Teódulo a la protagonista. Cf., O. J. V., I, p. 1129.
     [5]Este aspecto ha sido destacado por Margarita Almela como rasgo fundamental que distingue a Calitea de la protagonista de La muñequita. Cf., "Teoría y práctica del cuento en Valera", pp. 96-97.