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jueves, 10 de septiembre de 2015

«Tocaoras»: Un documental imprescindible de Alicia Cifredo.

    
Fotograma de Tocaoras. Fuente: Cinemaadhoc
      Debo comenzar advirtiendo que no soy experta en guitarra flamenca y que hablo desde mi corta experiencia y conocimiento en esta materia. Un tema en el que me he introducido por la conexión que existe entre mi área de conocimiento la Literatura española —con especialización en los siglos XVIII y XIX— y el flamenco. Asunto al que ya me he referido a propósito de los Sainetes de Juan Ignacio González del Castillo, del último tercio del siglo XVIII,  de Don Álvaro o la fuerza del sino (1834), del Duque de Rivas y del «género andaluz».
      Cuando Alicia Cifredo me habló del estreno en «Alcances» de este documental de «La Voz que yo amo» y«La Zanfoña Producciones», inmediatamente despertó mi curiosidad, porque como ya he comentado en este blog, mis investigaciones me han conducido a encontrarme con alguna noticia sobre la presencia de la mujer tocaora a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Desde luego no se trata de una profesional ni de una mujer que toque la guitarra clásica —al menos no en esta ocasión—, pues lo hace acompañándose para cantar un juguete o capricho en el curso de una tonadilla.
      En este caso, la tocaora, Francisca Valdibia, es una actriz de la compañía de la Isla de León, que puntualmente ejecuta el toque de este instrumento en varias ocasiones. La noticia de esta actuación es de 1805 y luego he averiguado que, como actriz, pudo formar parte de la compañía de los Reales Sitios, en el año 1798-99 y luego de la compañía de Sevilla en 1800 (Moreno Mengíbar). La epidemia que asolaba a Cádiz en esas fechas explicaría que luego se integre en la compañía de Peralta en Granada, como segunda dama de versos y «dama de música» y «graciosa de cantado». Y, quizás, sea la que con ese nombre figura en la Compañía del Príncipe el 18 de agosto de 1808.
      En todo caso, lo importante es que la noticia lo reseña como algo natural —no se destaca su condición femenina—, aunque también es cierto que aún no se ha producido la profesionalización del tocaor.
       De vuelta al documental de Alicia Cifredo, más allá de lo que he comentado en las redes sociales —dos horas de emoción, sensibilidad, contenidos bien seleccionados, cuidadas imágenes, música vibrante y un buen montaje con un ritmo que hacen olvidar las casi dos horas de duración—, me parece justo añadir que el guión está muy trabajado, el contenido persigue —y creo que lo logra— deshacer tópicos, pero siempre con un contrapunto respetuoso con las personas que defienden ideas que hoy nos pueden parecer muy anticuadas, pero que siguen muy enraizadasy muy vivas en determinados sectores de la sociedad; no obstante el respeto a las personas no impide desmontar las falsas creencias. El documental «Tocaoras» trata de poner al descubierto esas rémoras, pero sobre todo nos da luz, nos informa, acerca de las muchas mujeres que hoy se muelen los dedos tocando la guitarra y que lo hacen bien, con pasión, con sabiduría, con la energía necesaria —o la que tienen y suplementan con otras virtudes— y la sensibilidad imprescindible. Mujeres que se han iniciado —en muchos casos— en los conservatorios, para adquirir concimientos —conscientemente o no— de guitarra «clásica»; otras que han aprendido al modo tradicional, la enseñanza de sus mayores; en todo caso, mujeres que han luchado por hacerse un hueco respetable en una actividad profesiónal considerada eminente e incuestionablemente masculina y que lo han conseguido, a pesar de prejuicios, a pesar de la invisibilización de la sociedad —a veces también de instituciones y administraciones públicas— y contra todo pronóstico. Una práctica del toque a la guitarra que tuvo comienzos muy difíciles, generalmente ligados al autoacompañamiento de la cantaora flamenca, o de una afición desmedida de la joven tocaora que en los años 50 y 60 ni la familia ni mucho menos la sociedad reeducada en los ideales de la Sección femenina podía admitir ni apoyar. Un toque que sigue las modulaciones del cante, pero que tambien puede acompañar al baile o incluso, aunque estos es mucho más difícil, erigirse en protagonista de un concierto en solitario.
      Lo cierto es que este apasionante recorrido no parece dejar un solo resquicio, pues también se rescata la experiencia de la artesanía de la construcción de la guitarra de una luthier femenina. Magnífica también la interpretación casi al final de la entrevista realizada por Carmen de Burgos a la tocaora Adela Cubas.
      Por último, vuelvo a reivindicar el trabajo de Vincianne Trancart, de la Université Sorbonne Nouvelle – Paris 3, que me permitió asomarme a un mundo era para mí prácticamente desconocido, a través de su capítulo «Las tocaoras de flamenco en la Andalucía de finales del siglo XIX: similitudes y discrepancias entre prácticas y representaciones», que pueden leer en el libro que edité en 2014 con mis compañeras Mª Isabel Morales y Gloria Espigado: Resistir o derribar los muros. Mujeres discursos y poder en el siglo XIX, publicado por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, con el propósito de contribuir a la visualización de las mujeres de aquella centuria y poner al descubierto los prejuicios sobre los que se asentó el modelo femenino sancionado por el poder patriarcal. La obra completa puede consultarse en línea y descargarse completa, así como el índice aquí.      
       Si hubiera que poner algún reparo a Tocaoras, diría que la voz académica queda reducida a la intervención —muy bien documentada y medida— de Josemi Lorenzo Arribas: alguna voz femenina, como la de Cristina Cruces, mi colega Vincianne Trancart o cualquier otra, hubiera servido para lograr ese equilibrio que se alcanza con la intervención de tocaores, cantaores, musicólogos, críticos y aficionados.
       En fin, en cualquier caso, no se pierdan «Tocaoras» o se arrepentirán.

Les dejo la pequeña presentación que hace Alicia Cifredo en Youtube.

domingo, 8 de marzo de 2015

Actriz, tonadillera y tocaora

          Cada vez que se acerca el 8 de marzo, procuro descubrir un perfil nuevo que revalorice el papel que desempeñaron muchas mujeres y que la historia ha postergado o simplemente excluido. Con ese motivo, recuerdo aquí que, hace algo más de dos años mis compañeras Maribel Morales, Gloria Espigado y esta bloguera tuvimos la ocasión de organizar un congreso sobre mujeres, discursos y poder, que reunió a más de 20 especialistas europeos y americanos. Como señalamos en la introducción del libro, estos estudios «dibujan una amplia panoplia de lo que fueron los discursos e imágenes que generaron, asimilaron o refutaron las mujeres a lo largo de esta centuria, hasta conseguir una cierta emancipación que solo excepcionalmente llega a lograrse». Efectivamente, el volumen resultante, Resistir o derribar los muros. Mujeres discursos y poder en el siglo XIX, fue publicado el año pasado por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. La obra completa puede consultarse en línea y el índice aquí
        Entre otros muchos trabajos que convendría destacar, me interesa recuperar aquí el de Vincianne Trancart, de la Université Sorbonne Nouvelle – Paris 3, que me permitió asomarme a un mundo que los aficionados al flamenco tal vez conocerán, pero que era para mí absoloutamente desconocido: «Las tocaoras de flamenco en la Andalucía de finales del siglo XIX: similitudes y discrepancias entre prácticas y representaciones».
        Quizás a alguno le suene esta Pepa Ruiz que aparece con su guitarra y una caña que parece llena de moscatel o algún vino similar, reconocida solo —al igual que otras tocaoras— por su condición de bailaora, como destaca Vincianne Trancart.

          Pues bien, la tocaora que traigo a esta tribuna es un precedente del quehacer artístico de las mujeres que se iniciaron en el arte de la guitarra varias décadas atrás. Hace algunos meses me encontré en la prensa una de esas noticias que tanto gustan a los aficionados al flamenco y que aparece en el mes de mayo de 1805.

Mi sorpresa al descubrir a esa Francisca Valdibia, actriz de la compañía de la Isla de León, tocando la guitarra y cantando una tonadilla, fue enorme, porque nunca hasta ahora había tenido idea de que ya a principios del XIX las mujeres pudieran tocar la guitarra en un escenario. A las  «tonadilleras» —si podemos llamarlas ya así—, las imaginamos cantando y bailando o actuando, pero —al menos yo— no tenía ni idea de que se acompañaran de un instrumento como la guitarra.
         Como señala Faustino Núñez en su Guía comentada de música y bailes preflamencos (1750-1808), las palabras «juguete» o «capricho» a las que se refiere la noticia son denominaciones alternativas a la de «tonadilla»
          Si esta Francisca Valdibia o Valdivia es la misma actriz de la que J. A. Oliver (2013*) ofrece los siguientes datos, tuvo una vida ajetreada:
          - 5ª dama en la compañía de los Reales Sitios, en el año 1798-99 y actriz de la compañía de Sevilla en 1800 (Moreno Mengíbar). La epidemia que asolaba a Cádiz explica que luego ingrese en la compañía de Peralta en Granada, como segunda dama de versos y «dama de música» y «graciosa de cantado».
         Es difícil saber, por otra parte, si se trata de la misma actriz que figura en la Compañía del Príncipe el 18 de agosto de 1808, pero es bastante probable:
      Actrices: Manuela Carmona, Josefa Luna, Gertrudis Torre, María Menéndez, Micaela Mondragón, Francisca Valdivia, María del Rosario García, María Maqueda, María López.
          Actores: Antonio González, José Infantes, Bernardo Avecilla, Agustín Roldán, Francisco
Ronda, Vicente Malle, Manuel Fernández, Pedro Ferrer, Eugenio Pérez, Antonio Far    ‘sobresaliente’, Juan Pau.
          Característicos: Rafael Pérez, Tomás López, Juan Antonio Campos ‘sobresaliente’.
          Graciosos: Pedro Cubas, Francisco López, Eugenio Cristiani.

         En todo caso, podemos imaginar que esta «graciosa de cantado», «tonadillera» y «tocaora», solo rasgueaba la guitarra para acompañarse a sí misma y no lo haría profesionalmente, como luego podrían hacer otras tocaoras algunas décadas más tarde. De cualquier manera, si ya las cómicas tenían mala reputación y pudieron reivindicar sus derechos —lo mismo que sus compañeros— hasta promulgación en Cádiz de la Constitución de 1812, cuál hubiera sido su fama y modo de supervivencia si solo se hubiera dedicado a la guitarra. En todo caso, también es importante anotar, que la nota de prensa no le da especial lo relieve, lo que pudiera significar que otras mujeres ya lo habían desempeñado este arte antes.

* GARCÍA OLIVER José Antonio. El teatro lírico en Granada en el siglo XIX (1800-1868). Universidad de Granada, 2013.

Se agradece cualquier información sobre estas tocaoras de principios del XIX.