Translate

Mostrando entradas con la etiqueta Garcilaso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Garcilaso. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de marzo de 2015

Clásicos revisitados. Intertextualidad y literatura electrónica


          Como señalé en una entrada anterior, María Mencía jugó con dos sonetos clásicos de la Literatura Española en «Transient self-portrait». Se trata de los que comienzan respectivamente con los versos «En tanto que de rosa y azucena», de Garcilaso de la Vega, y «Mientras por competir con tu cabello», de Góngora.
          Se trata de dos obras escritas con el mismo punto de partida, pero con un talante totalmente diferente, debido al espíritu optimista y antropocentrista del Renacimiento que domina en Garcilaso y el desengaño espiritualista del Barroco, tan marcado por una visión teocéntrica, con todos los matices de la complejidad del mundo barroco.
           Como explica la autora, su interés por estos poemas se debe a los conceptos que emergen en su lectura: «condición efímera de la vida», «consumación» o acabamiento, «fragilidad», «transitoriedad», que afectan por igual al mundo en que vivimos. 

Fuente de la imagen: ELMCIP
 Y sobre ello, añade: 
«The creative process is that of producing, reflecting, programming and testing the medium to explore these notions in an electronic media society of dialogues with self-images, engaging the participant in a reading experience of ‘in’ and ‘out’ of language, via webcams and interactive aesthetics. The sonnets pass from different stages of written, visual, aural, language and code to dissipate into nothing».
          Con esta experiencia el público comprende que nuestras identidades son transitorias, que todo es susceptible de disolución, y que nuestra vida no es sino «data», información, inestable.

lunes, 18 de marzo de 2013

Jovellanos, «Idilio VI». A Galatea

Como indica Rogelio Reyes, siguiendo los trabajos clásicos de Joaquín Arce, en la introducción a su antología de la Poesía española del siglo XVIII (Cátedra, Madrid, 2001), «La presencia de Góngora en el siglo XVIII va más allá de la inspiración directa de sus grandes poemas líricos y se deja sentir en "géneros, metáforas, fórmulas retóricas y lexemas", que se integran en el discurso poético con una funcionalidad distinta a la que tenían en la obra del gran poeta cordobés».



          Y esto es precisamente lo que ocurre en el Idilio VI, donde Jovellanos canta la belleza que exhibe su Galatea en el momento del despertar.


Sin duda de las gracias
el coro, a tu lindeza
añade en esta hora
mil perfecciones nuevas:
brilla tu frente hermosa
con luz muy mas serena
y como al cielo el irir,
así tus negras cejas
dividen el nevado
contorno de tu esfera;
tus ojos... Musa mía,
¿cómo tu voz pudiera
los rutilantes ojos
pintar de Galatea?

¿Quién me dará que junte
del sol las luces bellas,
las sombras de la noche
y el fuego de la esfera, 
para pintar los brillos,
la gracia y la viveza
de tus divinos ojos,
oh dulce Galatea? 
Absorta el alma mía
los mira y los contempla,
sus luces la embriagan,
sus llamas la penetran.
          Para la descripción de las mejillas, los labios, la boca y el seno toma metáforas lexicalizadas de Góngora:
Veo que en tus mejillas
la rosa bermejea, 
y del clavel purpúreo
tus labios son afrenta.
Juegan sobre tu boca
las risas halagüeñas,
y en el ebúrneo pecho
la cándida azucena
derrama su blancura.
¡Ay Dios, cuántas bellezas
mis ojos inflamados
registran en tu esfera!


Claro que, al final, resuenan también los ecos de Garcilaso y su reelaboración del mito de Anajárete, entre otras muchas reminiscencias:

¡Ah, no me las ocultes,
oh cruda Galatea! 
 ¡Guarte, que no se enoje, 
si al mundo se las niegas, 
la mano bienhechora 
de la Naturaleza!
¿Criólas por ventura
para que no se vieran?
Si es ella generosa,
¿por qué eres tú avarienta?