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martes, 27 de octubre de 2015

Sombras chinescas en Cádiz (I).

27 de octubre. Día del Patrimonio Audiovisual.
En algún momento de nuestra vida casi todos hemos jugado a proyectar sombras con nuestras manos en la pared. Recuerdo cómo mis padres nos enseñaban y distraían con esa habilidad tan recurrida en una casa con tantos niños. Las sombras chinescas requieren una puesta en escena más compleja, pero relativamente sencilla para los titiriteros ambulantes que trataban de ganarse la vida en el siglo XVIII.
     Como recuerda Varey en su forma moderna lo trajo el alemán José Brunn cuando en 1779 llegó a Madrid procedente de Francia con su máquina alumbrada con candilones de aceite para proyectar «diferentes sucesos» en una pantalla fabricada con papel encerado. La proyección podía ir acompañada de diversos efectos como «los relámpagos para la tempestad», mencionados en la cuenta del tramoyista, lo que hace suponer a Varey que se trataba de «la escena predilecta de los teatritos de sombras chinescas, La borrasca en el mar».

Figuras del teatro de sombras, El puente roto
      No tardan mucho en llegar a Cádiz estos espectáculos, pues ya Juan Ignacio González del Castillo (1763-1800) se refiere a esta diversión en su sainete Los jugadores, que debió escribir por esas fechas; pero las noticias más continuadas las ofrece el Diario mercantil de Cádiz, desde 1803. Curiosamente es otro alemán, Francisco Silverio, el que se trae su repertorio de sombras a la ínsula gaditana.
Diario mercantil de Cádiz. 1803. Diversiones públicas.
Las sombras se populizarían a lo largo del XIX y variarían su repertorio introduciendo efectos cada vez más complejos para mantener la atención del público.


Teatro de sombras S. XIX



sábado, 8 de febrero de 2014

«Reflexión política» sobre la lectura, de 1810

En varias ocasiones he utilizado en mi blog doceañista el Diario mercantil de Cádiz como fuente hemerográfica para conocer el estado de la ciudad en los años de las Cortes, su pulso político, la situación de la escena teatral, la afición a la música, la sociabilidad en calles y plazas, las tertulias y cafés y un sinfín de particularidades de la vida cotidiana de aquellos años; pero en esta ocasión quiero atraerlo a este cuaderno de bitácora, porque el 15 de diciembre de 1810 dedicó entre su sección de «Variedades» una reflexión política que tiene como objeto subrayar la importancia y alcance de la lectura.


Efectivamente, para el editor del periódico, la libertad de lectura es un derecho sagrado que permite conocer la verdad, alcanzar la felicidad y alejar el despotismo. Lógicamente, en la consideración ilustrada de este derecho prevalece su conexión con el decreto de libertad de imprenta, y de que la censura, ejercida por cualquier poder solo trata de proteger sus propios intereses, pero no deja de tener vigencia la idea de que la ignorancia nos hace esclavos. Y así, termina el redactor: «Ya es tiempo pues de que no sea un crimen en nuestro suelo el conocimiento de lo que debemos a la sociedad y de lo que ella nos debe por su parte; [...] ya ha amanecido el día feliz de que pongamos un dique a la esclavitud, sabiendo todos, y enseñando a nuestros hijos que el hombre es libre, y que jamás debe someterse a lo que le engaña o envilece [...]».

jueves, 27 de diciembre de 2012

Autos de Navidad de «La Tía Norica»

          Antes de tener la ocasión de acudir a ver personalmente una representación de los autos de Navidad de la Tía Norica de Cádiz, había leído las impresiones que recogía José María León y Domínguez en sus Recuerdos gaditanos (1897). Rememoraba el autor cómo la amenaza de dejar de ir a ver aquellas funciones eran frecuentes como modo de contener las travesuras infantiles.

Diario de Cádiz
          Según Desiré Ortega, en 1815 en la gaditana calle Compañía se construyó el «Teatro de la Libertad» donde se exhibían estas «figuras corpóreas» que fueron adquiriendo mayor fama cada vez. 
          En todo caso, el Diario Mercantil de Cádiz, anuncia desde 1824 la representación de un Nacimiento, con «figuras móviles», que concluían con varios pasos del Testamento de la Tía Norica y una danza de negros. Curioso, por demás, en el anuncio, el precio de las localidades:


           Para diciembre de 1865 el Almanaque de la Publicidad, adelantaba como novedad la celebración de la feria de Cádiz, la «exhibición de esperpentos» en los teatros y la reapertura de dicho teatrillo de la tía Norica en la sala de la calle citada, que fue derribada en 1870.
           En fin, una oportunidad de contemplar este tradicional espectáculo en el recuperado Teatro Cómico, aunque debe tenerse cuidado con los niños pequeños, pues aún recuerdo el susto de la mía cuando, con apenas  un par de años, aparecía el Diablo dejando oír su potente voz.  
           Si no, siempre queda acudir al Museo de Cádiz a contemplar los primitivos títeres.