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domingo, 13 de septiembre de 2026

La Andalucía de Nicolino Calyó y Hubert Satler

    En un libro coordinado por Beatriz Sánchez Hita y Daniel Muñoz Sempere en 2025, De lo regional a lo nacional: Textos e imágenes sobre Andalucía en los siglos XVIII-XIX, dediqué un capítulo «El deslumbramiento de Andalucía en la cultura visual del siglo XIX. Los cosmoramas de Nicolino Calyó y Hubert Sattler», a repasar el descubrimiento que había supuesto para los artistas el viaje por Andalucía.

La idea se me ocurrió al trabajar sobre The Alhambra, los cuentos que había escrito Washington Irving en su periplo andaluz, acompañado del pintor Wilkie. En la lectura de aquellos cuentos descubrí cómo la mirada literaria del estadounidense estaba imbuida del aprendizaje visual adquirido por panoramas, dioramas y cosmoramas. Recordé luego que escritores como Ford, el barón Taylor, pintores como Blanchard, Roberts, Davillier, Doré y Chapuy, o fotógrafos como Guesdom en algún momento de sus trayectorias artísiticas se sintieron deslumbrados por el paisaje andaluz.

    Me interesó entonces investigar cómo la imagen de Andalucía había ido evolucionando en los cosmoramas, un espectáculo que se había puesto de moda en Europa a partir de 1808, cuando el abate Gazzera, refugiado piamontes, abrió un cosmorama en París. Se trataba de una galería en la que el público podía asomarse, a través de unos vidrios, a las vistas de monumentos, escenas urbanas, o paisajes desconocidos por la mayor parte del público, lo que le permitía realizar un viaje de ilusión en el espacio o incluso en el tiempo. El éxito de este espectáculo movió a muchos otros artistas a abrir sus propios cosmoramas y pintar escenas que atraparan el interés de los visitantes. No faltaron aquellas imágenes que permitían asomarse a las ruinas de Roma, o a las de Pompeya, pero tampoco las que ofrecían la oportunidad de conocer algún acontecimiento de actualidad, un naufragio, un incendio, la erupción de un volcán, pero también la coronación de un rey, el curso de una guerra o las escenas apacibles de algún pueblo pintoresco.

    Fue otro italiano, en este caso napolitano, Nicolino Calyó (1799-1884), quien llegó a Cádiz en 1832 en busca de las oportunidades que le podía el régimen liberal en ciernes. Durante su estancia en Andalucía pintó y exhibió diferentes vistas entre las que incluyó las Sevilla, Granada y La Alhambra y El Generalife. Sin embargo, la primera Guerra carlista vino a truncar sus posibilidades de negocio y decidió marcharse a América, donde desarrolló su carrera artística hasta lograr instalar un gran cosmorama en Broadway, que en 1850 incluía acompañamiento de música.

Passaic Falls, in New Jersey
©Hirschl & Adler Galleries, New York. Photograph by Eric Baumgartner

    Muchos años después, el austríaco Hubert Satler (1817-1904), hijo del retratista y pintor de panoramas Johann Sattler, dedicó su atención a Andalucía y pintó Cádiz, Granada, Málaga y Sevilla. En total cinco vistas, basadas en sus propios dibujos o fotografías, que se conservan actualmente en el Museo de Salzburgo. Comprobar la evolución de la mirada y el progreso de la técnica empleada por ambos artistas es uno de los alicientes de reúne el capítulo que escribí para esta ocasión.

jueves, 2 de julio de 2026

«Cecilia Böhl Larrea, Fernán Caballero. En cuadros vivos»


Esta tarde a las 20:30 horas se presenta mi biografía sobre Cecilia Böhl Larrea que ha publicado la editorial Cátedra dentro de la colección «Biografías», por encargo de Antonio Sánchez Jiménez y Luis Gómez Canseco a quien agradezco haberme ofrecido la oportunidad.
El subtítulo «En cuadros vivos» alude a una práctica cultura que se puso de moda en el siglo XVIII y se practica todavía hoy: la representación de un cuadro famoso, generalmente de tema mitológico o pintura de historia, dándose el caso de que para la ocasión, entre las personas ataviadas con vestidos de época también había otras semidesnudas, lo que «apreciaba» el público masculino, como puede imaginarse.
 Al siempre avispado Wenceslao Ayguals de Izco no se le escapó la ocasión de ejercer su sátira mordaz en el periódico La linterna mágica y en 1849 publicó una caricatura que ofrezco aquí coloreada para que puedan apreciarse mejor sus rasgos gruesos. Es difícil verlo en el original, en blanco y negro, que conserva la Biblioteca Nacional, pues el archivo en pdf que puede consultarse en su web no es de muy buena calidad. La caricatura,  a modo de pequeña viñeta, va inserta en una esquina de la página del periódico y acompañado de un texto no menos acerado, donde se describen las reacciones del público masculino que asistía a las funciones en el teatro madrileño.

La linterna mágica, nº 9 (1849). Fuente BNE.


Cecilia pensaba en las sensaciones que debía experimentar aquellas mujeres en esos cuadros vivos y comparaba esa experiencia con el sentimiento de desnudez que la embargó al saber que José Joaquín de Mora había revelado que Fernán Caballero era un seudónimo, cuando anunció la inmediata publicación de su novela La Gaviota.

Esta tarde ahondaré en esa sensación de fragilidad y de debilidad que Cecilia padecía al enfrentarse a la opinión pública masculina. No quería sentirse observada ni señalada por el público ni que la obra de Fernán Caballero fuera juzgada como producto «femenino», es decir, menor. Hablaremos de estas y otras cuestiones con Aida R. Agraso.

Os invito a leer las primeras páginas de mi libro en la web de la editorial: Cecilia Böhl Larrea, Fernán Caballero. En cuadros vivos.

 

viernes, 26 de junio de 2026

«En cuadros vivos: cuaderno de la biografía de Cecilia Böhl Larrea»





Como saben quienes me tratan de cerca, no soy la persona más organizada del mundo, sino todo lo contrario. Confío demasiado en mi memoria, incluso ahora que ya empieza a flaquear. Por eso puedo despertarme en medio de la noche y recordar alguna tarea que no había apuntado para el día siguiente o traer a la mente algún dato de interés obtenido de aquí y de allá.

Por eso, conociendo mis límites, he hecho tres excepciones, en forma de cuaderno de trabajo, en mi andadura investigadora: «El hilo de Ariadna» como titule al cuadernito que hice para apuntar algunas dudas y cuestiones pendientes que surgieron durante la realización de mi tesis doctoral, «Mirada literaria», un cuaderno sobre la investigación que inicié en 2013 acerca del impacto de la cultura visual en la literatura de los siglos XVIII y XIX, que contiene las indagaciones y reflexiones de un libro aún inédito y, por último, este que llamé simplemente «FC», o «Fernán Caballero. Biografía», cuando aún no tenía muy claro qué sería de ella. 

Este cuaderno, en realidad, como los anteriores, lo empecé ya avanzada la investigación y tiene el defecto de que los registros no tienen la fecha. Puedo deducirlos pero no sin cierta dificultad porque las páginas tampoco siguen el orden que tiene ahora el libro.

Quede constancia, no obstante de mis intentos por combatir ese defecto que ahora seguramente tendría un diagnóstico.