Translate

Mostrando entradas con la etiqueta teatro pintoresco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta teatro pintoresco. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de marzo de 2016

1823. Dioramas y teatros pintorescos en la Pascua de Resurrección de Sevilla y Cádiz

     En la Semana Santa sevillana de 1823, el público pudo asistir a la función de un teatro pintoresco mecánico, es decir un pequeño teatro con figuras móviles, que exhibía el domingo 27 de abril una función que habría de cautivar a los asistentes. 
     Como señala el anuncio, el teatro pintoresco ya había presentado al público otra función con motivo de la Navidad y esperaba tener el mismo éxito que entonces, pues  «no se ha omitido gasto ni trabajo, que presenta un número tan crecido de figuras movidas por máquina».
      Además, llamaba la atención sobre la propiedad de los vestidos con que se identificaba a las legiones romanas, y sobre las lúgubres emociones que esperaban suscitar en los espectadores con la representación del terremoto, el ruido subterráneo, la oscuridad y ensangrentado de la atmósfera, a las que sucedería la alegría «al ver al Salvador resucitado convertido en gloria, y el lugar del santo Sepulcro».


     Pocos años después, en 1838, la Semana Santa de Sevilla era famosa entre los españoles que anhelaban conocer sus detalles más pintorescos.
      En la actualidad son los «belenistas» los que, de alguna manera, continúan esta tradición de espectáculos ópticos con lo que ellos denominan «dioramas», aunque en ellos no se singularicen tanto por los efectos lumínicos sobre los lienzos transparentes como por las maquetas de las ciudades y las y las «figuras corpóreas» o como ahora se diría «figuras de bulto» o tallas realizadas en madera u otra materia. Precisamente, en estos días la Asociación de Belenistas de Cádiz invita a contemplar su Diorama de Pasión 2016 en su local de la calle Santiago nº 1. Pasen y vean.



jueves, 16 de enero de 2014

La literatura española y los dispositivos ópticos

En su apasionante trabajo Tecnología, espectáculo, literatura. Dispositivos ópticos en las letras españolas de los siglos XVIII y XIX, Luis Miguel Fernández realiza primero un insospechado recorrido por el influjo que el uso de estos artefactos han ido dejando en la literatura incluso antes de la época de que se ocupa, pues el autor se retrotrae décadas atrás para incluir algunos textos de Sor Juan Inés de la Cruz, del Diablo Cojuelo de Velez de Guevara, El Bernardo de Bernardo de Balbuena, y ya en el XVIII la Óptica del Cortejo (1774) de Manuel Ramírez de Góngora, los Sainetes de Torres Villarroel, algunos discursos del Teatro crítico de Feijoo y algunas cartas de Cadalso, por citar los más conocidos. Por allí desfilan, espejos, vidrios, anteojos, linternas mágicas, mundo nuevos o totilimundis -titirimundi, se les dice en Cádiz- y diversas cajas ópticas, que cederán su paso en el XIX a otros dispositivos y espectáculos visuales basados en estas nuevas tecnologías como los teatros pintorescos, fantasmagorías, dioramas, cosmoramas, panoramas, entre los más frecuentes.
Como he explicado en un artículo, la prensa periódica de estas fechas está igualmente repleta de referencias tanto a los dispositivos como a esas diversiones que tanto satisfacía el ansia de novedad del siglo XIX.
Y eso puede comprobarse en muchas versiones del mito del Don Juan, particularmente en la de Zorrilla, cuya representación escénica evidencia bastante influencia no solo del teatro de magia popular sino también de este tipo de espectáculos ópticos.
           Curiosamente, una de las fantasmagorías más populares en la España contemporánea  tiene su origen en las Noches lúgubres de Cadalso, donde su protagonista Tediato está obsesionado por desenterrar a su amada muerta, y es que tampoco hay tanta diferencia entre lo que entretenía y apasionaba a los hombres y mujeres de hace doscientos años y lo que consigue distraernos hoy -salvando eso sí, las distancias tecnológicas.
Linternas mágicas Lapierre