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jueves, 21 de enero de 2016

Cuadros vivos en Cádiz.

     Con ocasión de la celebración de las Jornadas «Culturas Comunes», tuve la oportunidad de recordar y comentar en público, la noticia que me proporcionó la lectura del libro de mi admirada Carmen Pinedo Herrero, El viaje de ilusión: un camino hacia el cine. Espectáculos en Valencia durante la primera mitad del siglo XIX, Valencia, Generalitat Valenciana, 2004. (Aún no nos conocemos personalmente, pero espero tener pronto esa oportunidad).
      Pues bien, el comentario surgía con motivo de las propuestas que la ciudadanía podía ofrecer al Ayuntamiento de Cádiz para dinamizar la visita de museos y recordaba a modo de ejemplo la representación de estos cuadros vivos, que en el XIX se ejecutaban en los principales teatros de España.
     Según documenta Carmen, el Diario mercantil de Valencia se mofaba de la prohibición de los cuadros vivos en Cádiz y planteaba, «o bien las autoridades de la corte son más inmorales que las de provincias, o en esta se representan los cuadros vivos en cueros» (Diario mercantil, 16 de febrero de 1850) (Pinedo, 2004, 42). Por mi parte, he podido comprobar que en el Catálogo de Espectáculos y diversiones públicas. Gobierno civil de Cádiz (1797-1869) Alberto Sanz Tréllez da la referencia de que entre el 21 de diciembre de 1849 y el 02 de enero de 1850 se tramita una queja del Provisor del Obispado de Cádiz  «para que no se dé al público la representación de cuadros vivos por obscenos»       
     Seguramente, el Provisor estaba algo desorientado o bien la selección de cuadros en tiempos navideños había levantado extremas suspicacias.
     Todavía hoy es posible ver algunos de estos cuadros vivos o vivientes:

Fuente: Youtube
Os dejo también la siguiente noticia sobre un «Festival de Cuadros vivientes en California», que trajo la publicación Teinteresa.
     Puestos a dar ideas, también se me ocurría que convocar un certamente sobre romanceros de carnaval (esos que van con sus cartelones como los de los aleluyas y romances de ciego del XIX) con temática de las distintas piezas de los museos y archivos locales, también tendría un singular atractivo, sin duda.
Fuente: Todocoleccion.net.

Fuente: Caminando por Madrid


lunes, 21 de diciembre de 2015

Farándula, de Marta Sanz.. Algunas expectativas


     Aún no he leído la premiada novela de Marta Sanz más que el capítulo que puede descargarse gratuitamente, pero de nuevo parecen surgir las relaciones entre el mundo animal y la política en esta novela que fue presentada al premio Herralde Faralaes y tarántula, pues farándula es, en palabras de la vieja actriz Ana Urrutia, «la síntesis de faralaes y tarántula».
     La propia escritora ha señalado la relación entre esta novela y Animales domésticos (Destino, 2003) para la que Marta Sanz  se inspira en Miau de Galdós, para retratar a una fmilia española de clase media y de paso descubrir el desencanto de la sociedad española contemporánea.
      En esta ocasión le toca el turno a los actores y se ve que Marta Sanz le gustan estas metáforas animalizadoras, sobre las que vuelve cuando habla de que el mundillo teatral se ha convertido en un reñidero de gatos.
      Algo más me ha llamado la atención de esta novela y es la visión caleidoscópica de la Puerta del Sol —quizás mejor, fantasmagórico panorama— que contempla la actriz Valeria Falcón cuando su tacón queda atrapado en una alcantarilla.
    Animalización, cosificación, fantasmagoría, son algunos elementos tras los que espero encontrar una novela ácida sobre nuestra realidad contemporánea.

jueves, 3 de diciembre de 2015

«Vampiro» un cuento de Emilia Pardo Bazán (II).

Como señalaba en la entrada anterior, el cuento que se inicia con rasgos de sainete o de entremés de cachiporra pronto muestra su verdadero carácter. Es verdad que, al principio, todo parece reducirse a una boda desigual entre un viejo indiano y una chiquilla de quince años, dispuesta a un sacrificio que no debe ser ni largo ni demasiado penoso, dadas las sencillas exigencias que demanda el marido: «sólo pedía a la tierna esposa un poco de cariño y de calor».
    Efectivamente, en los primeros días, la esposa no puede sentir sino piedad y deseos de responder como mejor pueda a sus deseos: «Día y noche —la noche sobre todo, porque era cuando necesitaba a su lado, pegado a su cuerpo, un abrigo dulce— se comprometía a atenderle, a no abandonarle un minuto. ¡Pobre señor! ¡Era tan simpático y tenía ya tan metido el pie derecho en la sepultura!». Tanta insistencia induce a pensar que el anciano tema no superar el invierno:
     «Lo que tengo es frío —repetía—, mucho frío, querida; la nieve de tantos años cuajada ya en las venas. Te he buscado como se busca el sol; me arrimo a ti como si me arrimase a la llama bienhechora en mitad del invierno. Acércate, échame los brazos; si no, tiritaré y me quedaré helado inmediatamente. Por Dios, abrígame; no te pido más».
La Jeune fille et la mort, tableau de Marianne Stokes, ca. 1900
      Pero el viejo oculta algo. Abriga una secreta esperanza que ha sido el motor de su matrimonio:

Lo que se callaba el viejo, lo que se mantenía secreto entre él y el especialista curandero inglés a quien ya como en último recurso había consultado, era el convencimiento de que, puesta en contacto su ancianidad con la fresca primavera de Inesiña, se verificaría un misterioso trueque. Si las energías vitales de la muchacha, la flor de su robustez, su intacta provisión de fuerzas debían reanimar a don Fortunato, la decrepitud y el agotamiento de éste se comunicarían a aquélla, transmitidos por la mezcla y cambio de los alientos, recogiendo el anciano un aura viva, ardiente y pura y absorbiendo la doncella un vaho sepulcral.

     Ese trasvase de alientos y almas que en vez de ser producto del amor y del deseo que incita al beso en Góngora, no es sino el fruto de un egoísmo sin compasión, el «de los últimos años de la existencia, en que todo se sacrifica al afán de prolongarla».
     Efectivamente, la muchacha muere antes de cumplir los veinte, mientras el anciano Fortunato busca nueva novia. El médico, Tropiezo, no acaba de entender lo ocurrido y los habitantes de la Galicia más profunda, esa en la que, como señalan Villanueva y González Herrán, se atisba la Galicia de Valle-Inclán, tampoco. De lo único de que están cierto es de que deben librarse cuanto antes de esa alimaña:  «De esta vez, o se marcha del pueblo, o la cencerrada termina en quemarle la casa y sacarle arrastrando para matarle de una paliza tremenda. ¡Estas cosas no se toleran dos veces!»
     La narración, no obstante, tiene un final inquietante y abierto —«Y don Fortunato sonríe, mascando con los dientes postizos el rabo de un puro»—, que plantea la posibilidad de que en otro tiempo, en otro lugar el vampiro encuentre nuevas víctimas. 

jueves, 5 de noviembre de 2015

«Vampiro» un cuento de Emilia Pardo Bazán (I).

Cubierta de la edición de El Libro Total.

      Efectivamente, «Vampiro» fue publicado por la autora gallega, Emilia Pardo Bazán (1851-1921), en el nº núm. 539 de la revista Blanco y Negro, 1901 y luego reunido en el volumen Cuentos del terruño, donde —como señalan en su estudio introductorio Darío Villanueva y González Herrán (2005)*— parece continuar la visión costumbrista de sus mejores novelas y tipos y motivos que ya habían aparecido en su libro de cuentos Un destripador de antaño; pero el tratamiento de motivos y personajes es diferente.
      En primer lugar, el título parece prometer historias como las que relataba Feijoo en sus Cartas eruditas y curiosas, de lo que ya me ocupé en otra entrada anterior, Feijoo, el duende, el vampiro, el redivivo y el brucolaco (III);  pero lo cierto es que el cuento de Pardo Bazán nos presenta a otro tipo de sanguijuela:

No se hablaba en el país de otra cosa. ¡Y qué milagro! ¿Sucede todos los días que un setentón vaya al altar con una niña de quince?

Así, al pie de la letra: quince y dos meses acababa de cumplir Inesiña, la sobrina del cura de Gondelle, cuando su propio tío, en la iglesia del santuario de Nuestra Señora del Plomo —distante tres leguas de Vilamorta— bendijo su unión con el señor don Fortunato Gayoso, de setenta y siete y medio, según rezaba su partida de bautismo. La única exigencia de Inesiña había sido casarse en el santuario; era devota de aquella Virgen y usaba siempre el escapulario del Plomo, de franela blanca y seda azul. Y como el novio no podía, ¡qué había de poder, malpocadiño!, subir por su pie la escarpada cuesta que conduce al Plomo desde la carretera entre Cebre y Vilamorta, ni tampoco sostenerse a caballo, se discurrió que dos fornidos mocetones de Gondelle, hechos a cargar el enorme cestón de uvas en las vendimias, llevasen a don Fortunato a la silla de la reina hasta el templo. ¡Buen paso de risa!

Todo es engañoso en este cuento y por eso hay que prestar atención al título de la colección en que los reunirá unos años más tarde: El fondo del alma (1907) y es que en estas fechas, el costumbrismo, el realismo plantean una visión francamente desfasada ya. Hace años que desde el Manifiesto de los Cinco contra La Tierra (1887) —en que cinco discípulos se desembarazan y repudian el magisterio de Zola— y la creciente influencia de la novela rusa, la narrativa camina hacia el denominado «Naturalismo espiritual» o, lo que es lo mismo, los derroteros de la novela sicológica, anticipada en cierta medida por Pepita Jiménez de Juan Valera.
Pero volvamos a «Vampiro». La edad y apariencia física del protagonista, los comentarios de los vecinos, parecen anticipar una muerte inminente. El ricachón Fortunato Gayoso no puede con su cuerpo y debe ser trastadado «a la silla de la reina», situación comentada irónicamente por el narrador: «¡Buen paso de risa!». Pero esa muerte anunciada —¿superará a la noche de bodas?, nos preguntamos— y esa comedia prometida están lejos de realizarse, como veremos en una próxima entrada.

* Darío Villanueva y José Manuel González Herrán, «Introducción» a Obras completas, X (Cuentos), Madrid, Biblioteca Castro, 2005.

martes, 27 de octubre de 2015

Sombras chinescas en Cádiz (I).

27 de octubre. Día del Patrimonio Audiovisual.
En algún momento de nuestra vida casi todos hemos jugado a proyectar sombras con nuestras manos en la pared. Recuerdo cómo mis padres nos enseñaban y distraían con esa habilidad tan recurrida en una casa con tantos niños. Las sombras chinescas requieren una puesta en escena más compleja, pero relativamente sencilla para los titiriteros ambulantes que trataban de ganarse la vida en el siglo XVIII.
     Como recuerda Varey en su forma moderna lo trajo el alemán José Brunn cuando en 1779 llegó a Madrid procedente de Francia con su máquina alumbrada con candilones de aceite para proyectar «diferentes sucesos» en una pantalla fabricada con papel encerado. La proyección podía ir acompañada de diversos efectos como «los relámpagos para la tempestad», mencionados en la cuenta del tramoyista, lo que hace suponer a Varey que se trataba de «la escena predilecta de los teatritos de sombras chinescas, La borrasca en el mar».

Figuras del teatro de sombras, El puente roto
      No tardan mucho en llegar a Cádiz estos espectáculos, pues ya Juan Ignacio González del Castillo (1763-1800) se refiere a esta diversión en su sainete Los jugadores, que debió escribir por esas fechas; pero las noticias más continuadas las ofrece el Diario mercantil de Cádiz, desde 1803. Curiosamente es otro alemán, Francisco Silverio, el que se trae su repertorio de sombras a la ínsula gaditana.
Diario mercantil de Cádiz. 1803. Diversiones públicas.
Las sombras se populizarían a lo largo del XIX y variarían su repertorio introduciendo efectos cada vez más complejos para mantener la atención del público.


Teatro de sombras S. XIX



domingo, 25 de octubre de 2015

Cangrejos en la sátira política (II)

Como señalaba en la entrada anterior, el motivo no es nuevo y la clave se halla en los siguientes versos:     
                                                            —Remediemos, decían, 
                                                            Abuso tan notable, 
                                                            Haciendo que los hijos 
                                                            Eviten el defecto de los padres.
                                                            Así lo decretaron
                                                            Los diputados todos,
                                                            Menos algunos rancios
                                                            Montados al estilo de los godos.
                                                           
En la fábula griega «El cangrejo y su madre», aparece el motivo del cangrejo, que en este caso anda de lado, al que su madre le reprocha que no ande derecho. José Agustín Ibáñez de la Rentería reelabora el tema en las Fabulas en verso castellano (1789):

                                                Al Cangrejo su Madre reprendía 
                                                Porque andaba hacia atrás, y respondía: 
                                                No entiendo, Madre, lo que usted me manda, 
                                                Porque yo ando lo mismo que usted anda.

     Como señala Santiago Talavera, Ibáñez subraya en el epimitio —moraleza situada al final de la fábula—, la importancia del ejemplo como clave para la enseñanza: «Que bien dijo contemplo / pues la lección es el ejemplo».
     Otra versión más reelaborada es la de Iglesias de la Casa «El abuso rancio o el cangrejo» que se separa mucho de la fábula griega y la amplía notablemente. Como ha señalado Durán «De cangrejos y retrógrados» (2012), es interesante la vinculación con el adjetivo «rancio», que será el despectivo con el que se identificará a los absolutistas o serviles, en la misma medida que otros como «rutineros», «pancistas», «reaccionarios».
     Jérica identificará precisamente la resistencia de los cangrejos con los «diputados rancios»:
                                                            Diéronles mil lecciones;
                                                            Pero fueron perdidas,
                                                            Porque ninguno quiso
                                                            Dejar costumbre tan maldita.

El escritor de Vitoria, fiel a la brevedad de la fábula clásica identifica también en la última estrofa la actitud díscola cangrejil con la del judío indultado con preferencia a Jesús, de modo que de alguna manera se sataniza a los pueblo involucionistas, atribuyéndoles cualidades perversas en extremo.

                                                            ¿Habrá pueblo en Europa
                                                            Tan dado a Barrabás,
                                                            Que quiera a lo cangrejo
                                                         marchar siglos y siglos hacia atrás?

lunes, 19 de octubre de 2015

Cangrejos en la sátira política (I)

Según la mitología griega, mientras Hércules luchaba con la Hidra de la laguna de Lerna, Hera envió un cangrejo gigante que habitaba en la misma laguna con la intención de que Hércules se despistara y así la Hidra pudiera acabar con él. El cangrejo no logró su intento y fue aplastado, pero Hera decidió recompensar su esfuerzo transformándolo en una constelación.

Carcinos atacando a Hércules. Detalle de lécito o vaso griego (500-475 a. C) del Museo del Louvre.
No obstante, no es esta referencia mitológica la que domina en el bestiario político que circula en España en los años de las Cortes de Cádiz, sino que se alude a su particular forma de andar, como recoge la fábula «Los cangrejos» de Pablo de Jérica y Corta:
                                                             En yo no sé qué parte 
                                                           Formaron los Cangrejos,                                                                                                                           Hace ya bastantes años, 
                                                             Una cámara baja o parlamento. 
                                                             Reunidos que fueron, 
                                                             Nombrado el Presidente, 
                                                             Y abierta las sesiones 
                                                             Del modo más formal y solemne, 
                                                             Notando los abusos 
                                                             Más dignos de reforma, 
                                                             Dijeron los más sabios 
                                                             Trozos divinos de elocuente prosa:
                                                             —Entre nosotros siempre 
                                                             Lo más notable ha sido, 
                                                             No andar hacia adelante, 
                                                             Sino hacia atrás,
                                                             por no sé qué capricho.
      Evidentemente, el Parlamento al que se refiere Jérica es el constituido por las Cortes españolas primero en la Isla de León, actual San Fernando, y luego en Cádiz; pero el motivo del cangrejo y su caprichosa forma de andar no es nuevo, como veremos en próximas entradas. En todo caso, lo que se subraya en la fábula de Jérica es que se trata de una práctica abusiva que necesariamente debe ser erradicada.
     Seguiremos con este motivo animal en la siguiente entrada.